Te lo esperabas así?

diciembre 18, 2014

Esta es la pregunta que me hizo mi madre la semana pasada cuando Eloy entró en el baño mientras yo hacía pis.
El “así”de su pregunta resume la absorción total de mi vida por mis hijos. Recuerdo pocos momentos de los últimos 3 años y medio en los que ellos no hayan estado presentes. Y especialmente cuando estoy en casa hay pocos momentos en que uno de los dos no esté en mis brazos o pegado a mis piernas diciendo “Mamá” con mayor o menor tono y volumen.
Me lo esperaba así? No, claro que no. Pero tuve la suerte de tener una sobrina a la que le dejé absorber mi vida durante días enteros, y ella ha sido una gran maestra.
No, claro que no me esperaba tal intensidad, tanta dependencia, devoción, necesidad… AMOR. No me esperaba tanto.
Pero la pregunta de mi madre lleva incluido un tono de segunda pregunta: “te molesta esta intensidad de tus hijos? ” La respuesta sigue siendo no. Pero tengo mis días. Porque he sido incapaz de dejar que mi vida sean mis hijos. He seguido dejando que la ocupen más cosas (según Toño, demasiadas).
Mis hijos son intensos… Igual que yo lo soy y lo he sido casi siempre! Quizás no durante mi infancia, pero sí desde que tomo mis propias decisiones.
Sólo espero que esa intensidad que tienen conmigo la apliquen a lo largo de su vida en todo aquello que se propongan. Porque eso significará que seguirán teniendo algo que me fascina y me caracteriza: pasión.

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Él hoy

enero 1, 2014

Os voy a confesar algo que poca, muy poca gente sabe. Algo de lo que no me enorgullezco pero que fue así y así lo asumí y lo asumo. Hace un año, estaba embarazada de mi pequeño Eloy. Y no, no lo deseaba. Lo quería, lo quería mucho, pero sentía que no estaba preparada para ser Mamá otra vez.
Es durísimo como persona, como Mamá de otro niño y como mujer que deseó tanto estar embarazada, encajar algo así. Y luchar contra un sentimiento que tienes.
Pero yo lo quería, cómo lo quería. Creo que el hecho de no desearlo me hizo quererlo más aún.
Cuando terminó el embarazo, en un parto tan doloroso como sencillo o al revés, tan sencillo como doloroso, y lo vi, sabía que lo quería más que a mí misma. Sé que parece una frase hecha pero las madres queremos a nuestros hijos más que a nosotras mismas (lo cual no es siempre bueno, pero de eso os hablo otro día).
Y cada día de ese verano tan difícil que pasamos, juntos, pegados, apocando un llanto inconsolable, me repetía que ese llanto se debía a mi falta de deseo, y le repetía a mi pequeño cuánto lo quería.
El verano pasó y hemos pasado las mañanas de los últimos tres meses juntos, pegados, casi siempre solos los dos. Y me he enamorado. Os lo confieso: estoy enamorada de mi hijo pequeño. Y del mayor también, pero hemos pasado de la fase de pasión a la del asentamiento (de eso también os hablo otro día).
Así que hoy, cuando lo he cogido en brazos y lo he besado, se me han subido las lágrimas por lo grande que es él hoy, y lo pequeño que era hace un año.
El otro día, chateando con Amalia, le decía que este año había creído encontrar el equilibrio. En el 2013 he visto lo más oscuro y lo más brillante de mí misma. Al final me quedo con buscar el término medio y con vivir el hoy.

El agua

diciembre 9, 2013

Mi suegro es un señor de casi 84 años que vivió su infancia durante la Guerra Civil, su adolescencia en la posguerra y trabajó toda la vida en el mar. También nos parece a menudo un poco tacaño. El caso es que en su baño tiene siempre varios cubos con agua. Un día le pregunté de dónde venía el agua y para qué servía. Es el agua fría que sale antes del agua caliente que usa para ducharse. Y la aprovecha para limpiar el baño, para fregar y por si acaso. 

En la calle de al lado de mi casa están haciendo obras de renovación y nos cortan el agua día sí y día también. A veces nos avisan pero a veces abres el grifo, no sale nada y te acuerdas de toda la familia del que decidió hacer obras. Antes de ayer por la tarde, cuando Eloy y yo nos despertamos de la siesta (quitad esa cara de envidia, en un mes me reincorporo y jamás volveré a dormir siesta, buuuuhhh!) me di cuenta de que había regurgitado y tenía que cambiarle la camisa. Vamos hasta el baño y mientras le quito la camisa noto un olor inconfundible a caca. Cuando quito el pantalón observo que la caca ha traspasado los bordes del body. Cuando quito el pañal y levanto las piernas, observo con estupor que la caca le ha llegado a mitad de la espalda. Cojo una toallita de tela, abro el grifo y … Silencio. No hay agua. Cambio de opción por una más agresiva y cojo toallitas húmedas. Empiezo la operación limpieza y desnudo integral. Cuando ya he terminado, y me bajo para cerrar las toallitas húmedas que están en la parte de abajo del cambiador, noto un chorro en mi cabeza: Eloy me está meando en el pelo. Empiezo a acordarme de toda la familia de mi hijo. Resignada, le levanto las piernas para colocarle el pañal limpio y decide que todavía no había terminado de hacer caca… 

Me acordé mucho de mi suegro. Eché de menos sus tres cubos de agua: uno para las toallitas de tela, otro para lavar a Eloy y otro para mi cabeza. Desde antes de ayer, dos cosas han cambiado en mi vida: mi suegro ya no es un tacaño, sino un hombre sabio y previsor; y tengo un cubo con agua reservada en el baño de mi casa. Por si a-caca-so. 

Favor de amor

noviembre 3, 2013

Yo tengo dos familias: los Gamallo, la de mi padre, donde los hombres fueron siempre figura predominante, hombres fuertes, con mucho carácter y algo de mala hos…. Y los Fariña, la de mi madre, donde predominan las mujeres, mujeres fuertes, muy luchadoras, de buen carácter.

Cuando me enfado, mi madre suele decirme que le recuerdo a mi padre, a los Gamallo. El caso es que en la segunda generación de Gamallo, la mía y la de mis primos y primas, creo que las mujeres hemos destacado más, hemos corrido más aventuras, tomado decisiones arriesgadas, y sobretodo, hemos hecho gala de una fortaleza de carácter propia de nuestros padres.

Muchas de esas decisiones las hemos tomado por amor. En la estela de decisiones arriesgadas por amor propias de una mujer Gamallo, está mi prima Eva, una guapísima actriz de acento granaíno domesticado que, hace unos meses, por amor, se casó con Lamin, un guapísimo gambiano. Ella estaba en Gambia colaborando con una ONG, surgió la chispa y se casaron.

Al poco tiempo Eva volvió a España y Lamin pidió un visado para poder venir aquí. Eva ha estado reformando una casita y preparándolo todo para acoger a su marido. Pero en septiembre, el visado fue denegado por dos motivos: no demostrar medios económicos para permanecer en España (a pesar de que Eva, su esposa, demostró que ella se encargaría de todo) y no demostrar suficientemente la intención de volver a Gambia después de los 3 meses.

Lamin reclamó, pero viendo que la cosa no se movía mucho, Eva cogió su maleta y se fue para allá. Y desde hace unas semanas, visita todos los días el consulado de Dakar, en Senegal (en Gambia ni siquiera hay consulado español). Una charla con el cónsul le hizo ver que volverían a denegarle el visado porque no tenía “arraigo” en Gambia (tiene familia, pero no hijos, que determinan el arraigo, por lo visto); y porque su petición de visado parece una “reagrupación familiar encubierta”. Aunque estén casados en Gambia y Eva haya solicitado la validación del matrimonio en España, este trámite tarda unos dos años (dos años!!!!), y podrían volver a casarse aquí.

En resumen: Lamin no es libre. No es libre de salir de su país y reunirse con su mujer en España. La ley española de inmigración no lo permite. Pensadlo bien. Pensad un momento en que no podéis salir de España, por la razón que sea. No os entra de repente una sensación de claustrofobia, de impotencia?

Cuando esta tarde se lo he explicado a mi madre, no entendía por qué Eva podía viajar a Gambia libremente y Lamin no podía venir aquí de la misma manera. Después de muchos intentos, sólo pude responder “porque ella es blanca y española, porque él es negro y gambiano”.

Como buena Gamallo, Eva ha decidido presionar hasta el final para que esta injusticia no se cometa, para que ella y su marido puedan estar juntos. Y aquí es donde yo os pido el “favor de amor”: que enviéis un e-mail al cónsul de Dakar (cog.dakar@maec.es) con copia a Eva (evamgamallo@hotmail.com) con el siguiente texto:

A la atención de Ricardo García López

Yo: _________________________________________________
Con DNI: ___________________________________________

Me dirijo a usted como ciudadano español a fin de solicitarle la aprobación del visado de turismo de Lamin Manneh
Pasaporte PC366996
Casado con Eva Moreno Gamallo
DNI 44292933Q
Número de expediente
NIV 20130256847

Muchas gracias por su atención.
Un saludo.

No olvidéis completar vuestro nombre y DNI!

No sabemos cuántos mensajes llegarán ni si serán efectivos, pero intentarlo no supone más que unos minutos… Y si lo conseguimos, ay, qué maravilla si conseguimos que le den el visado y Eva y Lamin se reúnan por fin en su casita de Churriana de la Vega…

Soñar no cuesta nada. Soñar por amor, aunque sea el de otros, es maravilloso.

Confío en vosotros. Y en vuestros sueños.

Me respeto

octubre 10, 2013

Madre mía… Hace tanto tiempo que no escribo que ya no sé cómo se hace. Hace tanto tiempo que no escribo que temo que me pase lo que ocurre siempre en estos casos: que lo escrito te parezca una mierda y decidas borrarlo, no publicarlo o las dos cosas a la vez. 

Madre mía, han pasado tantas cosas desde la última vez que ya no sé si me acuerdo de quién soy y sobre todo, no me acuerdo de cómo se escribe. Y eso que escribo mucho: wasaps a altas horas de la madrugada con amigas que poco saben de este blog, entradas en facebook hablando de mis hijos.. Sí, sí! De mis hijos, de dos! Bienaventurados los 6 ginecólogos que desde los 26 años me dijeron que no podría tener hijos. Un día de estos que te tiras de los pelos porque no paran de llorar o porque han pillado la enésima copia del rotavirus, se los llevo, a ver qué me dicen. 

Madre mía, que me voy por las ramas. Que yo venía aquí a escribir algo precioso que me ocurrió ayer, y que curiosamente no tiene nada que ver con mis niños. Una cosa de esas que antes, antes de hace 3 años y medio, hubiese corrido para venir a contar aquí. Pero sabéis qué? Mi cabeza sigue escribiendo, y ayer, mientras corría para llegar a tiempo al pediatra con Enzo que tiene un trancazo del quince, ayer iba escribiendo algo parecido a este post en el coche. 

Me respeto. Una frase que me hizo llorar durante la meditación guiada que siguió a la clase de Pilates que todos los martes, mi bienquerida amiga Sara Castro, artista polifacética, guapa, un amor, en fin… Sara nos da clase de Pilates a mí y a otra artista-amor de la que ya os hablaré otro día (que vuelvo, que vuelvo). Y ayer nos hizo llorar. 

Me respeto. Me hizo llorar por la sencilla razón de que me di cuenta de que últimamente me respeto poco. Creo que es un síndrome maternal que nos ataca a casi todas, que dejamos de respetarnos lo debido, o lo que aún es peor, nos faltamos al respeto. 

Así que, desde ayer, yo, vuelvo a intentar respetarme. Y quizás por eso esté de nuevo aquí. 

 

Yo, Paloma Cuesta

abril 17, 2012

Si nunca habéis visto Aquí no hay quien viva, no tendréis ni idea de quién estoy hablando. En tal caso, ponéis la televisión y a cualquier hora os encontráis con una reposición de la serie.
Pues sí, soy la presidenta de esta nuestra comunidad de vecinos. Bueno, en realidad no, en realidad soy presidenta consorte (en gallego, ‘con sorte’ significa ‘con suerte’, ironías de la vida), pero todos los vecinos se han creído que la que manda soy yo, jajaja (risa malvada).
La verdad es que me lo he buscado. Un año y medio en el edificio me han bastado para asociar nombres y pisos, conocer a todos los niños, cuántos años tienen, a qué colegio van, y hasta a recibir regalos de la artista del 5ºB para mi bebé.
Pero ser la relaciones públicas tiene su coste y ahora, cuando hay un problema, buscan a la presidenta. Y yo respondo “no no, este es el presidente y Enzo el vicepresidente”. La mayoría de las veces siguen dirigiéndose a mí. Por qué? Porque he descubierto que las mujeres somos mucho más resolutivas. Que hay un problema, pues se soluciona. En versión masculina (por norma general, que no se me ofenda ningún macho ibérico resolutivo), hay un problema, digamos una tubería que pierde? Espera un momento, vamos a ver, pues debe venir del patio exterior… Discuten durante unos minutos -el tiempo depende de si hay partido o de si espera la cena (a quién se le ocurre hacer reuniones cuando juega el Madrid un partido de Champions? A una administradora) – y tras deliberaciones entre fontaneros aficionados deciden que la administradora llame a un fontanero. Estupendo, eso lo dijimos nosotras hace tantos minutos.
Y si además, tienes la estupenda suerte que tengo yo de tener al vecino tocapelotas-moscacojonera-presidente durante 9 mandatos que se ha hecho un piso ilegal en los trasteros del ático-que no entiende que él ya no es presi por decisión de todos los vecinos, entonces te conviertes automáticamente en la presidenta borde. Y a mucha honra, que tengo mucha prisa. Llámeme usted lo que quiera, desde irresponsable a inexperta, pero déjeme ir a bañar a mi hijo, que son las nueve y cuarto.
Qué debería hacer yo? Dejar que ejerza el presidente. Pero el presidente es el más listo de todos: pone ojos de Gato con Botas tristón y dice “quédate tú a la reunión que yo no me entero de nada”. Y yo, que me gusta mandar más que el chocolate – que ya es decir – voy y me quedo. Y punto en boca!

Una nueva vida

abril 26, 2011

He tardado exactamente un mes en encontrar el momento tranquilo y adecuado para poder volver a escribir. Antes hubo varios intentos, todos interrumpidos por otras prioridades. Un mes desde que se ha cumplido uno, no, no uno más, el sueño más grande que tenía desde aquel 20 de julio de 2005 en que mi sobrina me descubrió que yo también tenía instinto maternal.
Ha pasado un mes desde que Enzo – abreviatura familiar de Lorenzo – haya salido airoso de un parto complicado. Un mes en el que hemos aprendido a conocernos, a adaptarnos el uno al otro, con algunas dificultades por el camino, y sobretodo, un mes en el que hemos empezado a querernos. Me lo dijo una compañera de mis clases de matronatación “cuando sale, no quieres tanto a tu hijo como cuando crece”. Alguna vez durante este mes, sobretodo al principio, decía que no estaba teniendo tiempo de disfrutar; me estaba venciendo mi propia recuperación y cientos de preocupaciones maternales. Sí, sí: yo también he corrido a mirar si mi hijo respiraba cuando lo veía demasiado quieto.
Ha pasado un mes en el que, aparte de haber perdido casi por completo mis complejos púdicos, me he dado cuenta de que mi madre es una auténtica joya, capaz de recorrer kilómetros en busca de lo que necesito, capaz de resolver con la misma eficacia cuestiones burocráticas como de acordarse cada noche de dejar en remojo cinco ciruelas pasas. Un mes en el que me he dado cuenta de que llorar delante de tu madre le duele más a tu madre que a ti.
Y sobretodo, y como se diría en una entrega de premios, ha pasado un mes en el que nada, y mucho menos Enzo, hubiese sido posible sin el Papá. La única voz que escuché durante el parto y mi constante fuente de energía desde entonces. Una sonrisa permanente que ni el sueño ni los malos momentos han conseguido borrar. Y un cariño inagotable que consigue lo que yo siempre deseé: que pueda ser la mejor versión de mí misma.

Feliz…

diciembre 23, 2010

Ando yo dividida últimamente con esto de la Navidad. Hace unos años, Navidad significaba vacaciones, tiempo para estar en casa con mi familia y levantarme más tarde de lo habitual. Luego, llegaron mis sobrinos y volví a vivirla con niños, haciéndoles creer en Papá Noël y los Reyes Magos, pero lo justo, porque no soy partidaria de contar mentiras, ni siquiera esta. Hace tres años, viví mi última Navidad obligatoriamente feliz, porque sabía que era la última de esas Navidades que nos cuentan en los anuncios de turrones. Hace dos años, pasé la Nochebuena en un hotel degustando un inmenso bocadillo de jamón por el que pagaría ahora 30 euros, pero mi bebé no lo agradecería nada, así que me aguanto. Hace un año, me terminé un paté de champiñones para cenar – por el que ahora también pagaría (maldita bacteria de la toxoplasmosis!) – y mientras planchaba para meditar, enseñé a mi madre a hacer sudokus. Todo muy normal, comparado con las Nochebuenas de los anuncios de turrones.
Este año es diferente. El Principito con el que vivo es un entusiasta de estas fechas y más todavía de los dulces que le acompañan. Según él, debería ser Navidad todo el año para poder comer polvorones, mantecados y yemas siempre. Pero yo me resisto. A los dulces y a la alegría contagiada que se quiere contagiosa, pero que para mí sigue siendo forzada. Y como cada año, me hago la misma pregunta: por qué no tenemos “espíritu navideño” todo el año? Por qué no estamos alegres, nos hacemos regalos, nos reunimos con la familia y mandamos las crisis y los problemas al Polo Norte cualquier día?
Supongo que la influencia de mi madre está detrás de todo esto, pero esta vez, le doy la razón. Con una salvedad: ella suele estar más triste, y yo creo que para reivindicar su idea de que hay que ser felices todos los días del año, pues el 24 de diciembre también, no?
Y como soy una mujer previsora, o ansiosa, según se mire, me imagino la siguiente Navidad, que si todo va bien, no tendrá nada que ver con esta. Y para el año que viene, os escribiré un post sobre si decido contar mentiras y recrear anuncios de turrones, o le explico a mi hijo que hay que ser feliz todos los días. O las dos cosas, que al fin y al cabo, no son incompatibles.
Y dicho esto… Sed felices, hoy y siempre.

Vértigo

diciembre 8, 2010

En mis cumpleaños, me habían regalado muchas cosas y había recibido todo tipo de felicitaciones, pero nunca nadie me había regalado una canción. Vértigo tiene por título.

El auténtico vértigo lo sentí mes y medio después, el 27 de julio, cuando una señora llamada Luz me anunció lo que nunca creí que nadie me diría: “todo funciona bien, todo es normal, y además, estás embarazada”.

Ahora mi barriga crece y crece, y por fin tengo una coartada para haber engordado 13 kilos en un año!

Por supuesto que no se me han ido las ganas de escribir por tener una barriga que se mueve. De hecho, este post está escrito en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Pero me vencía el pudor, la impresión de que hay cosas que no se pueden explicar por mucho que me sobren las palabras. Como he defendido muchas veces, hay una vida fuera de este blog, hay lo que cuento y lo que no. Y este hecho, seguramente uno de los más importantes de mi vida, es algo que debía asumir íntimamente antes de contarlo abiertamente. Y por supuesto, cualquier otra cosa que me haya ocurrido desde entonces, parece una nimiedad respecto a esto que lo invade todo.

Ahora estoy más tranquila, mucho menos impaciente que al principio, y aunque es una sensación que nunca se controla, puedo afirmar que estoy Feliz. Así, con mayúsculas. Y preparada para compartirlo. Espero no ir llenando páginas y páginas de patadas y sensaciones, pero alguna se me escapará seguro.

Y espero que, como dice el Papá, el autor de mis dos Vértigos, este no sea uno más de esos posts “voy a volver a escribir, pero luego no escribo”. No. Voy a ser Mamá, y por lo tanto, tengo que dar ejemplo, aunque ser Mamá dé mucho Vértigo.

 

Soy funcionaria

junio 8, 2010

Hoy he venido a hablar de mi libro. No, estoy de broma… aunque voy a hablar de algo que me concierne y me afecta. Y de paso, voy a volver a incumplir esa norma no escrita pero sí escuchada de “no hables de política en tu blog, Chris!”.

Soy funcionaria.

Reacción número 1: vagaaaa! aprovechadaaaa!

Reacción número 2: qué suerte, aprobar las oposiciones a la primera…

Reacción número 3: profesora? con adolescentes? buf, vaya desgracia la tuya!

Reacción número 4: consume, hija, tú que puedes. Cómprate cosas, pero que sean útiles, a ver si entre todos levantamos al país. (Esta es mi madre).

Lo creáis o no, la que más me fastidia es la número 2, porque aunque me haya costado discusiones de las fuertes, estudié mucho para poder aprobar.

En fin, que soy funcionaria y me van a bajar el sueldo un 7 por ciento cada mes, y un 30 por ciento en mi paga extra de Navidad.

Reacción 1: qué suerte que todavía tienes sueldo, yo conozco a mucha gente en paro.

Reacción 2: y te quejas? Pero si tenéis más vacaciones que nadie, trabajas sólo 20 horas a la semana…

Reacción 3: bueno, no tienes hijos ni estás casada, tampoco es para tanto…

Reacción 4: consume, hija, que todavía puedes. Pero piénsate lo de ir a Nueva York este verano, que parece que la cosa empieza a estar mal…

Soy funcionaria, me van a bajar el sueldo y doy 21 horas lectivas semanales, 5 horas más de permanencia en el centro, 2 horas de preparación de laboratorio, muchas, muchísimas horas invertidas en mi casa en actividades extraescolares, intercambios, viajes, correcciones, vida del instituto, reuniones de profesores… Contando bien, trabajo más de 40 horas a la semana y cobro menos que cuando dejé la empresa privada hace 4 años.

Tengo 2 meses de vacaciones al año, más todos los días libres que la ley estipula. Si por mí fuera, y pobre de mí si vuelvo a decir esto en una sala de profesores, trabajaría unas cuantas semanas más, para que a mis alumnos no se les olvide un montón de cosas en tanto tiempo libre. Pero no puedo. La ley no me deja. De hecho, he tenido que pedir un permiso especial al inspector este año para que me dejen dar 3 horas más de clase a la semana.

Así que, sí, soy funcionaria, trabajo mucho, sufro mucho cuando las cosas no funcionan, llevo dos años frustrada en un instituto retrógrado y estancado, pero adoro a mis alumnos y mi trabajo. Y no lo pienso cambiar. Pero también reivindico mi derecho a quejarme porque me bajen el sueldo haciendo el mismo trabajo. Hay crisis, sí, pero yo no soy culpable y podría enumerar muchas cosas en las que se despilfarra sin tener por qué. Y en ese despilfarro no incluyo mi sueldo de 2.027,61 euros (menos el 7 por ciento a partir del mes que viene).