Hoy es un martes con sabor a lunes extraño. Tengo esa sensación, tan rara como magnífica y pasajera, que me invade después de un viaje. De vez en cuando, yo, que no soy nada rutinaria, necesito salir de mi rutina, salir del sitio donde vivo, ver otra ciudad, hablar otra idioma y desperezarme de toda la negatividad que me puede inspirar estar permanentemente en mi casa.
Hoy me siento en cierto modo como cuando volví de mi Erasmus en Francia y tenía claro que quería volver a casa pero no tenía claro que quería irme del extranjero. Los que hayáis vivido fuera un tiempo me entenderéis, y los que no, os recomiendo una película que refleja esa sensación ambigua a la perfección: L’auberge espagnole (Una casa de locos).
Esta tarde, cuando volvía sola en coche de mi trabajo, pensé en que mi estado podía resumirse en una palabra que solo se me ocurría en gallego (es lo malo de saber idiomas, tienes una palabra para cada sensación, pero no siempre consigues traducirla): desacougo. Acabo de buscarla en el diccionario y es el desasosiego castellano. Con mi inquietud característica, me puse a pensar de dónde podría venir ese desacougo, si mis tres días de puente han sido estupendos… Pues precisamente de ahí: nos empeñamos en detener y retener esos momentos, sean minutos o días, de felicidad, como si pensáramos que nunca más podremos volver a sentir, cuando la vida está hecha de momentos y minutos cada día, estemos donde estemos.
Hablábamos durante el fin de semana que a veces nos empeñamos en buscar fuera del país imágenes o situaciones que podemos tener muy cerca de casa. Pues con los buenos momentos tengo la sensación de que ocurre algo similar: nos vamos lejos y fuera a buscarlos, y cierto es que a veces los encontramos allí, pero no es menos cierto que abriendo la mente, los ojos y el corazón seguro que podremos cogerlos, disfrutarlos y dejarlos ir, aquí o allí. Lo importante, o al menos esa es la conclusión a la que he llegado hoy, es no querer estancarse en momentos puntuales, sean buenos o malos, y seguir siempre adelante.
PS: El título del post de hoy viene de esta canción de Russian Red, que algunos ya habréis escuchado en el podcast, y que me persigue y relaja desde hace un tiempo.