Archivos de la categoría ‘Uncategorized’

Saturday night life

Noviembre 15, 2009

Estoy comiendo uvas y escuhando en la radio el partido de la selección. Es sábado por la noche y estoy en mi casa, en mi sillón, con mi ordenador sobre las rodillas. En calcetines, tejanos, camisa y chaqueta. Y mi foulard. Sólo me gusta llevar pijama para dormir y no me gustan las zapatillas para estar en casa.

Esta noche me quedo aquí. La noche pasada, no. Breve, pero intensa. As usual.

Hoy he descansado, me he mimado, he ordenado mi vida y he charlado con mi familia, que nunca falla y todo lo comprende, aunque a veces todo parezca incomprensible.

Mi cuñada ha hecho hoy en Facebook un resumen de lo que llevamos de mes de Noviembre: el tercer cumpleaños de Mateo, su primer viaje en autocar y el disfrute de un otoño espectacular.

Mi mes de Noviembre: el descubrimiento de un parásito en mi estómago y la rotura de un cartílago intercostal, múltiples actividades extraescolares, la organización de mi viaje navideño… La salud estorba pero no impide.

Y mi autoestima de nuevo cuestionada. En las últimas semanas he escuchado que me he vuelto más seria, pero que  sigo siendo ingeniosa. Que debería ser más fuerte. Que soy muy francesa… Habladurías. Y al fin he recordado la frase de Jaya, una de las mentoras de mi retiro de meditación estival: “lo que piensas de mí no es asunto mío”.

En este último mes, también he cuestionado mucho la pervivencia de este blog. Algo no encajaba desde hace algún tiempo. Yo siempre tengo las mismas ganas de escribir, la misma inspiración, pero poco a poco me fueron asaltando miedos: a aburrir, a ser repetitiva, a ser incorrecta… Y aquí también he decidido aplicar la frase de Jaya. Quizás cambien cosas en los próximos tiempos. O simplemente evolucionen. Aprecio a todos los que lo leéis, y especialmente a aquellos que me hacéis llegar vuestras opiniones, aunque también podéis aplicar para esto la frase de Jaya en segunda persona: “lo que pienso de ti no es asunto tuyo”…

En todo caso, de momento, pienso seguir haciéndoos partícipes de mi visión del mundo desde mi sillón.

IMG000108

Matar monstruos

Octubre 21, 2009

Hace unas semanas, alguien me hizo descubrir una inclasificable canción del grupo Love of Lesbian. Inclasificable para mí por preciosa, por especial y porque indudablemente las canciones que nos marcan nos definen. Hoy, mientras volvía tras tres semanas de sequía a los ensayos de la coral, ha sonado Un día en el parque en mi iPod.
Hace unos días, mi madre me reveló que creía que todavía era demasiado pronto para que mi corazón estuviese de nuevo ocupado. Y yo me pregunté, y le pregunté, cuánto tiempo tiene que pasar?
Cuántos días, semanas, meses, años tienen que pasar para que alguien recupere la confianza perdida en el amor, en los sentimientos, en las palabras cariñosas? Cuánto tiempo hace falta para perder los miedos adquiridos por una historia que debía ser bella y no lo fue? Cuándo hay que dejar de darle la importancia inmerecida a quienes, voluntariamente o no, nos hicieron sufrir sin mesura días, semanas, meses, años atrás?
Desgraciada o afortunadamente, los miedos, la falta de confianza, la coraza que nos construimos para protegernos los que hemos sufrido con todas las letras el des-amor, no tienen como medida el tiempo. Tienen como medida, desgraciada o afortunadamente, la capacidad de volver a creer que tenemos los que algún día creímos que las historias bonitas son posibles.
Y yo soy de las que creo/vuelvo a creer que algún día aparecerá – si no ha aparecido ya – quien mate monstruos por mí.

Ps. Si no tenéis Spotify (un estupendo programa donde podéis escuchar gratis toda la buena música que queráis) podéis escuchar Un día en el parque aquí. Y si estáis en el trabajo y no podéis escuchar música ni ver vídeos, entonces podéis leer la letra aquí.

Un alien legal en Madrid

Octubre 1, 2009

En los últimos 10 días, he estado tres veces en Madrid, dos lunes y un viernes. He llegado a las 7 y media de la mañana y me he ido sobre las 7 y media de la tarde, en transporte público, bus + metro. La última vez fui en coche, y salí de Madrid sobre las 9 y media de la noche. Horas punta. Tanto en el transporte público como en el privado. El primer día tuve la tentación, viendo la cantidad de gente que iba en metro, de hacer lo mismo que hice cuando eso me ocurrió por primera vez en el metro de París: saludar a los que se iban, enlatados como sardinas, con la mano y una sonrisa.
Pero no. Esta vez me subí al metro y me enlaté como todos los demás. Con mi iPod y mis apuntes de los exámenes que iba a hacer. Como todos los demás. Y al salir del metro, salí a la calle siguiendo a todos los demás, sintiéndome como una hormiguita más que sigue a la que va delante, sin fijarse en el camino.
A mediodía, volví a coger el metro hasta el centro y recorrí el espacio entre la Puerta del Sol y la Gran Vía. Otra vez la hormiguita. Y recordé la canción de Sting, Englishman in New York, y me sentí como un alien.
También recordé una de las razones por las que hace 5 años decidí irme de Barcelona: prisas y colas para comer, prisas y colas para coger el metro, prisas y colas para entrar, prisas y colas para salir, prisas y colas para cruzar el paso de peatones…
Con lo bonita que es la Gran Vía de Madrid. Con mi yogur en la mano, me paré en medio de la calle y cansada de mirar hacia abajo, miré hacia arriba: qué estilo arquitectónico, qué luz,… Lo admito: a pesar de haber ido algunas decenas de veces a Madrid, nunca había mirado hacia arriba. Sentí la tentación de decirle a la gente que pasaba “eh, mirad para arriba, qué belleza”. Pero yo era un alien, un alien legal en Madrid.
Volví a Talavera. Talavera no es una ciudad bonita. Incluso hay quien dice que no es una ciudad, que es un pueblo grande. A mí esa es la parte que me gusta: es una ciudad asequible, sin prisas, sin colas, sin excesos. Y sin Gran Vía…

Una palabra tuya

Septiembre 22, 2009

Cuando era pequeña, mi familia me decía a menudo que era muy pesada, porque era muy cariñosa, muy ’sobona’, siempre dando abrazos y besos a diestro y siniestro. Con el tiempo y los reproches, me fui reformando muy a mi pesar. Pero en el fondo de mí sobrevive aquella niña que hoy sigue pensando que haciendo y diciendo las cosas con cariño, salen mejor.
El cariño para mí incluye a las palabras. También los hechos, por supuesto que sí, pero siempre a las palabras. Es triste pensar que nos dé vergüenza o pudor decir ‘te quiero’ por ejemplo a alguien a quien queremos, o que tengamos que esperar a saber que nos perderemos para expresarlo. Es como si estuviésemos programados para echarnos la bronca, pero no para decirnos cosas bonitas. O simplemente gracias. Yo lo digo mucho; incluso hay gente que cree que demasiado. Pero con mis ‘gracias’ generalmente suelo querer expresar otras cosas, como ‘qué bien’ o ‘cómo me alegro de esto que has hecho por mí’.
También suelo decir, cuando una situación se pone espinosa: ‘dime o cuéntame algo bonito’. Y todo el mundo se sorprende. Porque cuesta, porque no estamos enseñados. Por qué cuesta? Por qué no estamos enseñados? Por qué de niños todo es amor y de mayores todo es cohibirse?
Yo seguiré predicando en el desierto. Bueno, en el desierto no. Ahí está mi amiga Carme, con la que un día decidimos decirnos que nos queríamos, porque nos queremos (como amigas, malpensados! Este tema me dará para otro post). Y porque no sabemos qué pasará mañana y es una pena haber perdido oportunidades de expresar nuestros sentimientos por pura vergüenza. Por supuesto, no se trata de decirle a todo el mundo que le quieres, ni mucho menos. Pero palabras sencillas y elocuentes como campeona, preciosa, gupissima, rebonita o princesa alegran el día a cualquiera (en este caso a mí, que soy quien las escucho y os doy las gracias por ello). Sin hacer mucho esfuerzo y gratis.
Porque a veces, una palabra (tuya) basta para sanar muchas tristezas.

Septiembre no está tan lejos

Agosto 30, 2009

Cuando me llaman por teléfono, suena esta maravillosa canción de Nadadora (cuyo vídeo no hace justicia para mi gusto al poder seductor de Gonzalo en directo).

“Recuerdas la primera vez?
Aquella que nos hizo sentir
lo que podríamos llegar a ser.
No había nada malo en repetirse.
Ahora me cuesta comprender,
ver cómo creces como un incendio,
un incendio de esos que duelen,
de esos que hacen que todo sea
más intenso,
de esos que cambian la suerte.
Que crecen igual que tú…”

Las canciones de este grupo gallego se convirtieron por casualidad en la banda sonora de mi primer año en Talavera de la Reina, adonde vuelvo mañana con una energía totalmente distinta pero igual de intensa que la de la primera vez. Ni mejor ni peor, simplemente distinta. Como yo, que no soy ni estoy igual que hace un año. En lo superficial peso unos cuantos kilos menos y en lo trascendental estoy unos cuantos kilos menos triste.

Pero hay cosas que se repiten. Supongo que como dice la canción, no debe de haber nada malo en repetirse, pero no sé si esa frase se puede aplicar a las maletas a medio hacer que decoran mi habitación, con los mismos ingredientes de siempre: ropa, libros, cuadernos, mi ordenador, mi teclado, mi pandereta, mi nuevo gong traído de Thailandia… Maletas llenas de música para amenizar la nueva etapa que empieza. Ya. Como yo y como esta canción: distinta e intensa.

La A y la M

Agosto 16, 2009

Hay un refrán, bastante cruel para mi gusto, que dice que Dios da sobrinos a quien no puede tener hijos. Yo no tengo hijos, ni sé si podré tenerlos algún día, pero si algo le agradezco a mi hermano son los dos sobrinos que me ha dado. Muchos sabéis que me puedo pasar horas y horas hablando de ellos. Y eso que apenas los veo unas semanas al año. Pero son mi tema favorito de conversación.
A ellos, especialmente a Alexia, les debo haber descubierto que yo también podía tener instinto maternal. Y a los dos, a Alexia y a Mateo, les debo haber pasado unas vacaciones estupendas. Y eso que la Tía Chris es un poco dura de roer! En mi casa tengo mis exigencias: hay que quitarse los zapatos nada más entrar, decir buenos días y buenas noches, pedir las cosas por favor, dar las gracias, y si no se quiere algo decir “no quiero, gracias”. Pero no suele haber llantos ni ‘rebotes’. Porque a Alexia y a Mateo les dedico lo que más aprecian los niños, a cualquier edad: el tiempo. Les he dedicado tiempo, carreras, risas, la letra A, la M… Y unos cuantos capítulos de Pocoyó. Y muchos cuentos. Y un divertidísimo viaje en tren. Y algunas horas en los parques de Pontevedra.
Y ellos a mí me han dedicado momentos inolvidables, sobretodo a la hora de comer. Y algún inoportuno pipí en la cama a deshoras. Pero como me dijo Alexia: “no pasa nada, el plástico de la cama es para hacer pipí”. Toma lógica. Fue difícil convencerla de que el plástico era preventivo. Los niños no previenen. Hacen, ven las consecuencias y luego te dicen “no pasa nada”.
Pero, aunque suene a tópico, dan muchísima alegría. Y mucho trabajo. Y un agotamiento tremendo, a pesar de no pasar más de 3 días seguidos con ellos. Los que sois padres os reiréis de mí por este agotamiento en 3 días, pero yo no soy Mamá y mis impresiones son simplemente las de una tía (buena) a la que se le termina el regalo de estar con sus sobrinos.

Escribir con la barriga

Julio 31, 2009

Abro el blog, decido escribir algo nuevo y para empezar sale de mí un enorme suspiro. Mi refrán francés favorito dice “Coeur qui soupire n’a pas ce qu’il désire” que podría traducirse como “Corazón que suspira no tiene lo que desea”. Y reflexiono. Pero hoy la cabeza no me da para pensar. Sólo pensar en pensar me cansa. Pienso en todo lo que ha ocurrido desde la última vez que publiqué algo el 8 de julio, hace ya 23 días.
Mi querida Amalia y su fantástico Noé, horarios franceses en España, dormir tarde, levantarse temprano, pasear por Pontevedra, despedirse, hacer maletas, escribir, desescribir, retirarse, el silencio, más silencio, barrer el suelo, caminar, meditar, el silencio, Radiohead, silencio, conocerse, sonreírse, volver a hablar por teléfono, reencontrarse, escribir, desescribir, la playa, celebrar el cumpleaños, hacer compañía, ver Cine de Barrio, llorar, Pocoyó, reír, contar el cuento de la A, organizar un viaje, contar el cuento de la B, estar enferma…
Una vez más, estar enferma. Una vez más, mi estómago me abandona, sale de mi cuerpo cansado, sin energías, y me recuerda que debo cuidarme más. Creo que todos los que leéis este blog y habéis estado conmigo más de dos días conocéis a mi estómago. Porque mi estómago es muy sociable, y siempre saluda y quiere darse a conocer.
La verdad es que estoy agotada. Creo que mi estómago es lo único que consigue hacerme parar, abandonar ese ritmo vertiginoso que me he impuesto este año. Uno de los maestros que enseñaba en mi retiro de silencio, Denis, nos habló de no hacer nada. Nada de nada. Simplemente sentarse y no hacer nada. Y Jaya, otra de las maravillosas maestras, nos habló de ‘pensar con la barriga’. Y yo, esta noche, he hecho algo inspirado en eso: escribiros con la barriga. Y ahora me retiro, a ver si soy capaz de no hacer nada. Y mi barriga tampoco!

Velocidad

Julio 8, 2009

Entre mis amigos tengo fama de ser una friki de las nuevas tecnologías, una geek en la jerga de los geeks. Pero lo de hoy supera a cualquier cosa que hubiese hecho antes. Escribo desde el aeropuerto, mientras espero a Amalia y a Noé, y a mí me está esperando Miguel Strogoff en el bolso (y no, no es ninguna marca de vodka!). El caso es que desde mi último post tan biblíco me ha faltado tiempo, fuerzas e inspiración, cada cual por orden. Es lo malo de que la inspiración llegue en el coche. A veces creo que debería hacer como Sigourney Weaver en Armas de Mujer y grabar mis pensamientos para luego transcribirlos… Las últimas semanas, como todos los junios, han sido intensas: despedidas, encuentros, reencuentros, … cenas, cañas, cocacolas, … Bodas, nuevos embarazos (yo no!), vidas que se apagan lentamente… Un compendio de momentos que hacen que los días pasen con velocidad inusual, la velocidad característica de la felicidad.

De todo lo visible y lo invisible

Junio 18, 2009

Uno de mis libros favoritos es uno de Lucía Etxebarría, esa escritora tan mediática como admirada y denostada, cuyo título coincide con el de este post. Aunque, como de costumbre, haya regalado este libro, recuerdo perfectamente cómo empezaba: “bajando, bajando, bajando…” Y algunos párrafos más adelante seguía con “subiendo, subiendo, subiendo…”.
Pues así he estado yo durante los últimos días, bajando y subiendo, como quien ve la vida desde dos perspectivas opuestas. Tengo algunas razones para estar triste pero bien miradas, con esas razones tengo motivos para ser feliz.
Hoy, alguien que ha denotado que mi estado de ánimo no era tan jovial como de costumbre, me ha citado a Santa Teresa de Jesús:
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.”
Sin entrar en consideraciones religiosas, de estos versos me quedo sobretodo con la idea de tener paciencia. Mi desazón de los últimos días viene de algunas incertidumbres, todavía no resueltas, a las que debería haber aplicado menos impaciencia y más realismo. Pero visualizarse, estar ansioso y querer saber lo que a uno le deparará el futuro, próximo o lejano, es una tentación en la que es fácil caer.
“No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal” (sí, hoy estoy bíblica!). Ah, las tentaciones! Sin duda son una de mis partes favoritas de la Biblia, por no decir de la vida. Dijo Oscar Wilde que “la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”. Sólo estoy de acuerdo en parte: las tentaciones a menudo son placenteras por el hecho de serlo. Cuando caemos, pueden perder parte de su magia. Supongo que lo lógico sería aplicarles los versos de Santa Teresa y no permitir que nos turben, que simplemente pasen.
En fin, al final va a resultar que empecé este artículo queriendo reivindicar mi derecho a no estar siempre en plena forma, y voy a terminarlo con una sonrisa en los labios y la sensación de estar mucho más serena. Quizás en la religión estén más respuestas de las que pensaba… Aunque lo de las tentaciones me cuesta un poco más de asumir. He caído: qué bueno está este helado de chocolate!

Radiografías con curvas

Junio 9, 2009

Una sabe que se ha hecho mayor, adulta y es una mujer independiente cuando, en la misma semana, tiene que hacer la declaración de la renta, cambiarle las ruedas al coche, pasar la ITV, pagar el impuesto de circulación y llamar al fontanero para que – por fin! – arregle la cisterna (bueno, cumplir años mañana también contribuye a sentirse mayor…)
Pero, para qué os lo voy a negar? A pesar de tener un lado masculino bien desarrollado (y no lo digo por los pelos que me crecen en las piernas, sino porque me gustan el fútbol y las carreras de motos y siempre me he entendido mejor con los chicos que con las chicas), para ciertas cosas no es agradable ser (y tener cuerpo de) mujer.
Seguro que, como yo, habréis escuchado alguna vez que las mujeres podemos ser muy machistas. Estoy de acuerdo y hoy, y sin que sirva de precedente, voy a serlo. Así que, feministas que leéis este blog, si no queréis odiarme, no sigáis adelante.
Hoy ha sido el día de la ITV. Antes había pasado por el taller para cambiar mis ruedas y ese día tuve la precaución de ponerme tejanos, camiseta y zapatillas y parecer lo más ‘marimacho’ posible. También tomé la precaución de preguntar el precio aproximado de las ruedas a un compañero y de llamar a mi hermano en el momento clave. Con todas esas medidas preventivas, conseguí paliar la intensidad de la “radiografía con curvas” a la que las féminas nos vemos sometidas cada vez que penetramos en un universo de hombres.
Hoy tocaba la ITV y, oh! craso error, se me ocurrió llevar una blusa con escote discreto, desde mi perspectiva, pero no desde la del mecánico que me miraba con analizador de gases en mano. Sus ojos que no miraban a los míos cuando me hablaba y el “guapa” de la despedida han empañado mi victoria sobre el mecánico de ruedas. Cachis!
No sé qué me molesta más de estos trámites: si la sensación de sentirme ignorante sobre temas de los que no controlo nada, donde sé (porque ya me ha pasado) que me pueden timar sin problema, o la actitud lasciva y lujuriosa de quien sabe que domina la situación. Así que, para estos temas, me declaro oficialmente machista. Sí, echo de menos tener un hombre cerca (léase movio, hermano, padre, primo, amigo…) que se ocupe de estas cosas por mí y me ahorre estos trances. Si queréis ofreceros, aún estáis a tiempo: el fontanero todavía no ha venido.