Ando yo dividida últimamente con esto de la Navidad. Hace unos años, Navidad significaba vacaciones, tiempo para estar en casa con mi familia y levantarme más tarde de lo habitual. Luego, llegaron mis sobrinos y volví a vivirla con niños, haciéndoles creer en Papá Noël y los Reyes Magos, pero lo justo, porque no soy partidaria de contar mentiras, ni siquiera esta. Hace tres años, viví mi última Navidad obligatoriamente feliz, porque sabía que era la última de esas Navidades que nos cuentan en los anuncios de turrones. Hace dos años, pasé la Nochebuena en un hotel degustando un inmenso bocadillo de jamón por el que pagaría ahora 30 euros, pero mi bebé no lo agradecería nada, así que me aguanto. Hace un año, me terminé un paté de champiñones para cenar – por el que ahora también pagaría (maldita bacteria de la toxoplasmosis!) – y mientras planchaba para meditar, enseñé a mi madre a hacer sudokus. Todo muy normal, comparado con las Nochebuenas de los anuncios de turrones.
Este año es diferente. El Principito con el que vivo es un entusiasta de estas fechas y más todavía de los dulces que le acompañan. Según él, debería ser Navidad todo el año para poder comer polvorones, mantecados y yemas siempre. Pero yo me resisto. A los dulces y a la alegría contagiada que se quiere contagiosa, pero que para mí sigue siendo forzada. Y como cada año, me hago la misma pregunta: por qué no tenemos “espíritu navideño” todo el año? Por qué no estamos alegres, nos hacemos regalos, nos reunimos con la familia y mandamos las crisis y los problemas al Polo Norte cualquier día?
Supongo que la influencia de mi madre está detrás de todo esto, pero esta vez, le doy la razón. Con una salvedad: ella suele estar más triste, y yo creo que para reivindicar su idea de que hay que ser felices todos los días del año, pues el 24 de diciembre también, no?
Y como soy una mujer previsora, o ansiosa, según se mire, me imagino la siguiente Navidad, que si todo va bien, no tendrá nada que ver con esta. Y para el año que viene, os escribiré un post sobre si decido contar mentiras y recrear anuncios de turrones, o le explico a mi hijo que hay que ser feliz todos los días. O las dos cosas, que al fin y al cabo, no son incompatibles.
Y dicho esto… Sed felices, hoy y siempre.
Feliz…
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diciembre 23, 2010 a las 3:19 pm |
Chris, yo he recuperado el espíritu navideño que hacía años y años que había perdido, pero la verdad es que los niños hacen cambiar y desde que Irene está con nosotros hasta hemos puesto belén y árbol de navidad!!!!! a ver qué dices el año que viene?? ahh y vuelve a darle las gracias otra vez a tu mamá por la ensaladilla y la mejor mayonesa del mundo para satisfacer los antojos de mi embarazo. Te queremos muchooooo
diciembre 23, 2010 a las 5:31 pm |
Hola guapetona! Qué bien verte feliz. Creo que Eva tiene razón y con la llegada de este regaliño que llevas dentro, las navidades volverán a incluir anuncios de turrones y mentiras, pero piadosas.
Es muy curioso porque hoy mismo me levanté pensando en escribir un post en mi blog, el cual presenta un aspecto de gran telaraña, preguntándome (aunque en realidad es más una afirmación) lo mismo que comentas: ¿por qué no tenemos “espíritu navideño” todo el año?.
En fin, que todo sería mucho mejor, pero el hecho de que sea sólo parte del año puede que también lo haga más especial.
Bueno, os deseo a todos/as una Feliz Navidad, unas felices vacaciones y un 2011 lleno de sonrisas y de mentirijillas.